Entrevista e Crítica de Raúl Galache García (Madri, Espanha) | “Vinte e um” / “Veintiuno”, de Patricia (Gonçalves) Tenório).

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Entrevista:

http://www.azayartmagazine.com/entrevista-a-la-escritora-patricia-tenorio/

Link para compra de Vinte e um / Veintiuno:

http://www.mundibook.com/producto/vinte-e-um-veintiuno/

 

Raúl Galache García

Escritor, profesor de Lengua y Literatura y crítico literario

13/04/2016

 

Llega este libro de la mano de Editorial Mundibook en edición bilingüe. Acierta la editorial al ofrecer la palabra original y la traducida, pues es esta, la palabra, sin duda, una de las protagonistas de la obra.

Patricia (Gonçalves) Tenório no es nueva en esto de la literatura. Escritora desde 2004, cuenta con ocho obras publicadas. Una autora polifacética que se mueve con soltura en la poesía, la novela y el cuento, seguramente porque, al fin y al cabo, la creación es una para quien se vale de la palabra bien forjada. No en vano su obra ha sido galardonada en varias ocasiones.

Veintiuno es un libro de veintiún relatos breves, de esos en los que la condensación juega a favor de la autora y del lector. Como bien dice el escritor Diego Vadillo en su esclarecedor prólogo:

“Los relatos que el lector encontrará en este libro pertenecen a un universo —ese, particular, de la autora que los concibió—, un universo atrapado en el universo-libro“.

Pero no solo es eso. Más bien, cada cuento configura su propio universo, su propia realidad alumbrada y limitada por el lenguaje. Por ello, no es de extrañar que el primero de los relatos, “Alicia en el espejo”, tenga como argumento el de la primera palabra pronunciada por una niña. “Al principio existía la palabra”, dice la cita bíblica. Y así es. Solo conocemos la realidad por medio del lenguaje y solo el lenguaje configura la realidad; como dijo Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. En este primer relato, vemos cómo la protagonista ya conoce su propia realidad y se la explica a sí misma. El paso que da del lenguaje interior al lenguaje exterior lo hace, meramente, por complacer a los adultos. Tras este primer cuento, que abre el libro a modo de “Génesis”, comienza una serie de piezas de fuerte expresividad. En todas ellas destaca la capacidad de Patricia Tenório para crear un microcosmos sólido en un espacio muy breve. Son sus personajes los que crean esa realidad a la que asiste el lector. Es una palabra artística, o lo que es lo mismo, poética; es decir, creadora. Leemos en “Alicia ante el espejo”:

“Me desperté con el bigote de mi padre dándome un beso. No sé de dónde vino, tal vez fue el sofá, blandito, bonito, que juntó una ppp con la aaa y las colocó en mi boca, para complacer a papá”.

Pero, como decíamos, el lenguaje tiene dos dimensiones: la interior y la exterior. El lenguaje interior es el que nos explica nuestro pensamiento. Es este otro de los puntos clave del libro. Los personaje deVeintiuno crean su propia realidad, pero esta acaba enfrentada a la del mundo. Lo vemos en el segundo relato, “María-María”:

“No podían besarse, abrazarse, acariciarse. Pero se miraban la una a la otra como para teletransportase, y miraban bien a lo lejos y cada vez más cerca la piscina azulada creada a través de la cantera”.

La protagonista queda suspendida en el vacío y es su propia mente la que da sentido a ese momento, al margen de lo que el resto de personajes que asiste a la escena entienden que sucede.

Las ensoñaciones forman parte fundamental de la obra. En “Una mirada hacía Estambul”, el título lo dice todo. La forma de mirar la realidad de la protagonista crea la ciudad. La narradora se imagina en otro tiempo, presa en “el harén del palacio de Topkapi”, y la imagen se carga de tal fuerza que el lector la da por cierta.

Al fin y al cabo, no hay más certeza que la que uno ve, no hay más realidad que la que cada cual contempla y crea. En “Estudio 2100″, asistimos a una distopía, un futuro en el que “los libros están registrados bajo el derecho de autor y el orden elegido por la Curia Mayor de Intelectuales”. En tal mundo, el protagonista se sabe escritor:

“Siente las letras pulsando por sus venas, pidiendo pasar de las manos al papel, de los sueños a la realidad”.

“Pasar de los sueños a la realidad”; tal vez sea este el secreto de la escritura para Patricia Tenório. La ensoñación se hace cierta al materializarse en palabras. Como dice el narrador de este mismo cuento:

“Escribe para coger estrellas”.

El don de la palabra creadora, que solo es dado a algunos, pero, eso sí, a cambio de un precio, como le sucede a Pedro, el protagonista de “Estudio 2100″: “De tanto amar, está triste”.

Como ya podrá intuirse, los personajes de Tenório viven a corazón abierto. Se dejan traspasar por la vida, y, al mismo tiempo, la toman al asalto. “El club de los suicidas” tiene como protagonista a José, cuya pasión por vivir ahuyenta las ansias de morir. Dice así el narrador:

“Y algunos de los suicidas, en vez de arrojarse, iban allí, bien callados, a escuchar los sueños de José, los sueños que él no sabía escribir, solo contar; no sabía el porqué, solo recordaba”.

Precisamente en este cuento, “El club de los suicidas”, apreciamos otra de las habilidades de la autora: su capacidad para configurar una realidad onírica, a veces cercana a la pesadilla, lindando en ocasiones con el Surrealismo; y lo hace con muy pocas palabras. Así comienza, por ejemplo, “Incendio”:

“Había cadáveres, allí tumbados, arrojados, dejados en el suelo. En el pasillo del hospital, se veían niños, adultos, viejitos con los rostros medio quemados, medio cortados, medio lavados por el fuego portentoso”.

Patricia Tenório crea imágenes vibrantes y potentes, de las que atrapan al lector y no lo sueltan hasta que concluye el relato. Acudimos de nuevo al prólogo de la obra, donde dice Diego Vadillo, con mayor acierto que nosotros:

“No sabría decir con exactitud si en estos relatos se hace cotidiano lo inaudito o, al contrario, se empuja a lo cotidiano hacia el borde del precipicio de la más sugestiva e imprevisible dislocación lírica”.

Finalmente, el conjunto de palabras, personajes, imágenes y situaciones —microcosmos, en suma—crea una visión particular de la realidad, la de Patricia Tenório, una mirada trascendente. De nuevo acudimos a Vadillo, que dice así:

“Cada relato es un flanco existencial contemplado trascendentemente por Tenório”.

Nada es superficial en este libro. Como en toda buena obra literaria, se le deja al lector la opción de elegir. Él es quien decidirá hasta qué punto quiere ahondar en este universo-libro que es Veintiuno.

(Em www.azayartmagazine.com/veintiun-microcosmos-de-palabras-veintiuno-mundibook-2016-de-patricia-goncalves-tenorio/)